El ciudadano y los servicios públicos

Consideramos al ciudadano como nuestro cliente: es quien necesita las prestaciones y es capaz de percibir cómo se ejecutan los servicios  públicos, también quien los paga, de forma directa cuando se aplica una tasa o indirecta a través de los impuestos. La Administración garantiza el cumplimiento de los servicios públicos para propiciar la mejor calidad de vida a los ciudadanos y, por tanto, debe tenerlos en cuenta en su trabajo cotidiano, preguntar, escucharlos y saber qué demandan. La valoración de los servicios públicos no siempre se asocia a su eficacia ni a su eficiencia, interviene la apreciación subjetiva. Podría ocurrir también que el ayuntamiento ofrezca servicios que no interesen a los vecinos, incluso que los consideren una incomodidad.

Por otro lado, el ciudadano es quien ensucia la vía pública, genera basura, hace uso de los jardines, consume agua, requiere asistencia, practica deporte, circula por las calles, etcétera. Su comportamiento condiciona el  dimensionamiento de los servicios, los horarios y el coste de las prestaciones. La concienciación ciudadana para la utilización racional y respetuosa de los servicios debe ser una de las metas de la inspección porque es muy difícil mantener altas prestaciones si el receptor no siente el espacio público como una prolongación de su propia casa. Este es uno de los retos de la gestión de los servicios públicos: generar la complicidad del ciudadano y convertirlo en colaborador.

En realidad lo que pretendemos del ciudadano es una conducta adecuada. Para ello disponemos de las ordenanzas municipales que regulan el uso de los espacios públicos y son de obligado cumplimiento. La concienciación empieza por dar a conocer las ordenanzas entre los vecinos. Porque esto va de conducta, de modificar la conducta, para que trate con mayor cariño los espacios públicos y respete las normas de convivencia. Centrarnos en la conducta es la única manera de obtener resultados: “haga usted lo que quiera en su casa pero no está permitido que su perro orine entre los macizos de flores del parque público” y para eso funciona una llamada de atención, una sanción y la educación cívica. Tiene truco, con la reiteración en la conducta -aunque provenga de una intervención coercitiva-, se asientan los hábitos.

 

About Pablo Zurita Espinosa

Pablo Zurita Espinosa, Director Técnico. Ex-Gerente del Consorcio de Bomberos de Tenerife, Ex-Directivo de empresas de gestión de servicios.

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